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domingo, 19 de octubre de 2014

Semana 12: La vigencia de las cosas, ¡Que vivan los tutoriales, las flechas y las panelas!

Vivimos en un mundo en el que la vigencia de cualquier producto, material e incluso audiovisual es limitada en extremo. Una película solo es novedad durante sus dos primeras semanas en cartelera a lo sumo y cuando a pasado este punto, se vuelve obsoleta. Por eso es que cada mes e incluso cada semana aparece una nueva película en cartelera y los anuncios de próximos estrenos incluyen una lista absurda de películas que llega incluso a los veinte títulos. La pregunta es, ¿realmente cada una de estas películas es un material novedoso que valga la pena ver? La respuesta es: No.
Alguna vez me comentaban que cuando salió la película de Volver al futuro, pasaron meses e incluso años en los que seguía siendo una novedad sin perder vigencia alguna ni ser considerada obsoleta, la seguían presentando y la gente seguía acudiendo a los cinemas de forma masiva. Hoy, si no fuiste a ver una película en su primer fin de semana, estás condenado a verla traducida para poder acceder a un horario decente, a menos que puedas pasar hasta la media noche un día entre semana.

Lo anterior puede ser un ejemplo claro de la forma en la que funciona nuestra sociedad en el sentido del pensamiento referente a la producción de material cultural. Todo el tiempo se están produciendo tantas cosas en cadena, todo el tiempo estas viendo tanto que se nos olvida la poca relevancia que tiene lo que estamos consumiendo, simplemente lo hacemos como una reacción mecánica o para llenar un espacio de tiempo. Estamos saturados de todo tipo de cosas, que cuando nos paramos un segundo a pensar, son todas iguales. Todas las películas con la misma trama, todas las canciones de un disco, iguales a las del anterior.

Y claro, si podemos esperar esto de productos audiovisuales, ¿por qué no pensar lo mismo con respecto a lo material?
Vivimos en una cadena de Comprar, tirar, comprar. No te molestes en preguntar a cualquier vendedor, cuando la batería de tu tableta, computador o celular haya empezado a fallar y necesite estar todo el tiempo conectado a una toma de corriente para funcionar, si se puede hacer algo al respecto. Te ahorro el viaje, la respuesta va a ser que no habrá nada que se pueda hacer y que la única solución sería comprar un nuevo aparato. Te explican que la vida útil de una batería así es un año como máximo y como muchos de estos dispositivos salen al mercado y al año siguiente cuando la "vita útil" de la batería se ha agotado ya ha salido el siguiente modelo, pues es una mega oportunidad, parece como mandado a hacer. Se daña el antiguo, no tiene arreglo posible y te ofrecen uno nuevo. A esto se suma que como todos comienzan a comprar el nuevo modelo, los repuestos del anterior son descontinuados y no puedes hacer nada. Si te molesta mucho tener cerca un toma corriente, el procedimiento a seguir es comprar uno nuevo y tirar el antiguo, así todas sus funciones estuvieran en perfecto estado. Esto, señoras y señores, se llama obsolescencia programada. Todo está fríamente calculado para que las cosas no duren y estemos comprando todas nuestras vidas. consumiendo de forma compulsiva e innecesaria para llenar los bolsillos de los astutos empresarios.
Si lo que tienes no se acomoda a lo que quieres, simple; compra otro nuevo que si lo haga. 
Por eso yo digo, ¡Que vivan los tutoriales!
Hoy en día podemos encontrar instrucciones sobre como hacer cualquier cosa en internet, hay tutoriales de Youtube, literalmente para todo. A mime han venido en muy buen uso, pues gracias a esto he podido tener aplicaciones para teléfonos celulares en una tableta; después de todo quien necesita y no tiene medios busca la manera, porque la hay, todo gracias a personas que tal vez sin saberlo van en contra de la obsolescencia programada.
Yo no tengo celular. Al menos no lo que se entiende ahora por celular, un smartphone con acceso a internet, redes sociales, chat ilimitado y el que queda por completo de lado la función básica de un teléfono que es funcionar para hacer llamadas. Mi teléfono móvil es lo que se define como flecha, un pequeño Nokia, con linterna, sin acceso a internet al que la batería le dura 5 días sin problema. Con mucha frecuencia refundo el cargador de este teléfono pues en realidad no tengo que tenerlo conmigo todo el tiempo, completamente libre de cables. ¡Eso si es un teléfono móvil! Lo tengo desde hace años y obviamente se siente fuera de lugar y ha sido motivo de burlas de mis compañeros y amigos, frases como "No lo dejes caer porque rompe el suelo" no me son ajenas y no precisamente porque las haya leído en memes de Facebook, sino porque en varias oportunidades me las han dicho a mi. Pero al final del día la que tiene con qué hacer una llamada de emergencia y no se choca con los postes en la calle (al menos por andar texteando) soy yo.
A lo que voy es que con respecto a los teléfonos celulares, se han venido dejando de lado sus funciones básicas para añadir cámaras fotográficas, diseños increíbles, forros de colores y formas para todos los gustos y al final han re-definido los objetos y sus funciones. Hoy, no eres nadie si no tienes Whatsapp, existes, pero no tienes mucha relevancia. Dejas de existir cuando no tienes número celular, eso es una catástrofe, casi un crimen; puede faltar un teléfono fijo, pero jamás un celular.
Y en esta necesidad de inmediatez en la comunicación respecto a los celulares, también se agrega el mismo factor que antes hablaba respecto a las películas; los teléfonos y básicamente cualquier objeto de tecnología eventualmente se vuelve obsoleto y no precisamente porque deje de funcionar. El caso de mi Nokia. Es obsoleto, una antigüedad de la era de piedra de las comunicaciones, pero no por eso ha dejado de funcionar, no por eso necesita ser reemplazado en términos de su funcionalidad como teléfono... otra cosa sucede cuando se habla de su aceptación social.
No es un secreto que somos seres que vivimos en comunidades en las que existen reglas de comportamiento, pero también hay factores de aceptación que nos guste o no van a tener que ver con los efectos materiales de las personas con quienes nos relacionemos, por supuesto no es todo lo que importa, pero claro que ayuda a marcar límites e incluso a conocer a una persona. He conocido gente, que literalmente ha dejado de pagar almuerzo en la universidad o transporte público... claro podría decirse que es porque prefieren la comida casera o que quieren cuidar el medio ambiente, pero en realidad al preguntarles el porqué, las razones difieren mucho de una protesta contra los costos de un pésimo sistema de transporte; lo hacen para ahorrar y así poder comprar el último teléfono. A eso le sigue la pregunta, ¿le pasó algo al que tienes? y la siguiente respuesta suele ser: No, pero ya esta viejo y toca cambiarlo.
Esto es un tipo de obsolescencia, tal vez no programada porque se diría que las compañías que fabrican estos productos no pueden predecir el comportamiento de todo el mundo, es más bien un tipo de obsolescencia de carácter social y de decisión del comprador.

Esto podemos relacionarlo un poco con la doctrina del Shock, tal vez no en los niveles déspotas y terroríficos en los que de forma política se intentó implementar en el mundo; pero sí en el sentido de que por medio de la desorientación y la re definición de conceptos en la industria, se han creado necesidades y juicios nuevos que incitan a las personas a encajar y sumergirse por completo en el sistema de consumo del comprar, tirar, comprar. Y aunque suena supremamente desalentador y hacerse consciente de cosas como estas, pueden llevar a algunos a creer, que efectivamente nos hemos convertido en una sociedad que valora más la conexión inalámbrica que la relación que tiene con sus allegados y que se preocupa más por un golpe que se pueda dar el teléfono, que porque una persona se pueda caer por unas escaleras. Pero también nos convierte en personas conscientes y acá rescato una frase que parece ser toda la conclusión de la doctrina del Shock.
La implementación de un sistema, económico, político o de consumo por medio de la terapia de Shock, solo es posible cuando la sociedad donde se va a instaurar no es consciente de ello. Cuando se tiene conocimiento, se puede combatir, se puede reaccionar y se pueden hacer cambios; seamos conscientes de esto, y eso no significa que tengamos que desconectarnos y regresar a la edad de piedra, sino más bien hacer una re evaluación de nuestras prioridades y de lo que tenemos por realmente necesario en la vida.
¿En serio necesitamos cambiar de teléfono cada seis meses para ser felices?


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