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domingo, 26 de octubre de 2014

Semana 13: Las justificaciones mentirosas.

Hablemos un poco de ese sentimiento de conformidad absoluta y reiteración de la satisfacción que todos nosotros experimentamos en la vida cada que hacemos una compra, por ejemplo. A la hora de comprar un celular tenemos miles de opciones y miles de planes, tal vez hay teléfonos que ofrecen más que otros pero nos encaprichamos con un modelo particular y lo compramos. Imediatamente después de la compra, le contamos a todos que tenemos un nuevo teléfono, que es genial, que tiene tales características y de repente nos convertimos en un remedo de comercial de televisión; todo es color de rosas y felicidad hasta que comenzamos a ver la más mínima falla o algún impedimento que tenga el aparato, que otros probablemente no habrían tenido. Esto nos hace volver a considerar si fue la mejor compra, y al tiempo intensificamos nuestro discurso publicitario resaltando las cualidades de nuestro producto y los defectos de los otros.


¿Por qué hacemos esto? Simple, porque no queremos nunca ver, saber y sentirnos como que hemos tomado la decisión incorrecta, que estamos equivocados. En primer lugar porque cuesta aceptarlo, seamos sinceros el orgullo siempre está en juego y vivimos en el constante pensamiento de que siempre hay alguien detrás nuestro esperando que fallemos y clamando por ello para tomar nuestro puesto. Y en segundo lugar y lo más importante: Por que necesitamos, convencernos a nosotros mismos por sobre todas las cosas de haber tomado la decisión correcta, no queremos admitirnos que nuestros pensamientos están mal, que nos encaprichamos con algo que no funciona como debería y malgastamos dinero; eso no es una opción. No queremos escuchar cosas que nos hagan sentir tontos y nos hagan cuestionarnos, así que intentamos convencernos de que nuestras adquisiciones y decisiones son las mejores.

Esto que acabo de explicar, se denomina disonancia cognitiva, concepto formulado por Leon Festinger por primera vez en 1957. Plantea que al producirse una incongruencia o disonancia entre los pensamientos y creencias de una persona, ésta se ve automáticamente en un esfuerzo de generar ideas nuevas  para reducir la tensión y lograr entonces que sus creencias y sus actitudes concuerden.
A este proceso de generar nuevas ideas se le denomina reducción de la disonancia.

También se presenta un caso de disonancia cognitiva y en mi opinión el más importante, cuando se presenta una incongruencia entre el actuar de una persona, sus palabras y lo que piensa.
Podemos tomar el ejemplo de una persona corriente que dice ser católico, todos los días clama por la tolerancia y el respeto, defensor de los derechos igualitarios para todos, pide porque no hayan más muertes y va a la iglesia todos los domingos; pero un día se ve en una situación obligado a trabajar con una persona homosexual. Esta persona trata por todos los medios de cambiar su compañero de trabajo, muestra una actitud de disgusto y repulsión hacia su compañero, piensa que es una abominación, habla mal de él y desea librarse de esa persona. Acá se produce un caso de disonancia, porque esta persona católica y tolerante defensor de las injusticias está actuando de una forma completamente contraria a lo que antes ha profesado, está discriminando a una persona por nada más que su preferencia sexual; entonces intentará convencerse de que está bien discrimina a su compañero, porque es una persona enferma, porque es antinatural ser así, porque vio una noticia de que un homosexual mató a un niño, porque se pierden los valores por culpa de ellos y por eso la sociedad está como está, y demás para disminuir la disonancia que le provoca su actitud, ajusta sus creencias a la manera en la que se comporta.

La realidad es que vivimos en una constante necesidad de justificarnos y necesitamos saber que todo lo que hacemos es por una causa racional y válida, no por conformidad o capricho. Todos queremos alcanzar el éxito, es la creencia común y cuando llegamos a pensar que de alguna manera hemos fracasado, eso nos genera disonancia; por lo que buscamos justificaciones para el supuesto fracaso o tomamos el fracaso como una lección importante para llegar al éxito. La realidad es que necesitamos ser los mejores, porque entre tantas personas en el mundo si no tenemos las mejores cosas y somos las personas más correctas y reconocidas, entramos en disonancia. Todo el mundo quiere ser bueno en lo que hace y sobre todo, no quiere saber que no es bueno o que podría estar haciendo o tener algo mejor; eso crea conflicto y de alguna manera sugiere que se han tomado las decisiones equivocadas. Y a nadie le gusta que le digan que está equivocado.

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