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miércoles, 29 de octubre de 2014

Semana 14: Un mundo de información, ¡atrévete a mentirme ahora!

Sencillamente me resulta imposible no emocionarme cuando me doy cuenta de que estamos a solo contadas semana de acabar el semestre. No porque tenga planes concretos, simplemente me he sentido ahogada por los deberes y toda mi mente clama ya por un merecido descanso (para aquellos que pensamos que leer 20 libros pendientes en la biblioteca es descaso :D). ¡Vacaciones lleguen ya! Pero ahora mismo quedan 3 semanas de estudio y no hay que aflojar.

Esta semana en concreto fue la de buscar datos en Google y tal vez aprender a ocuparlo de una mejor manera.
Para nadie es secreto que el buscador favorito, en cuestión de milésimas de segundo arroja muchísimos resultados para cualquier búsqueda Y por muchísimos no me refiero a 500, sino a miles y a veces incluso millones. Al hacer parte de la comunidad estudiantil y llevar tres semestres escribiendo ensayos, reseñas, haciendo exposiciones y realizando investigaciones e incluso antes para trabajo del colegio, sé que no siempre encontramos lo que buscamos y lo que es aún más importante que lo que encontramos no suele ser la información más exacta, confiable y veraz que puede haber. Vivimos rodeados de información y de eso está hecho nuestro mundo ahora, cualquiera puede producir, escribir, hablar y colgarlo en la Web. Es un mundo amplio y muchas veces al hacer una búsqueda se convierte en una misión tan imposible como buscar agujas en un pajar.
Pero no es de alarmarse, con el tiempo se aprende y ya todos sabemos que muchas veces el resultado dependerá de las palabras clave del tema a investigar que digitemos en la barra del buscador; a veces con eso basta. Pero como quien ahorra tiempo (no por pereza), pero tampoco se puede dar el lujo de ser menos exacto en su labor de rastreo, entre más herramientas más eficaz y mejor será el trabajo realizado.

Hablemos de los operadores Booleanos. Estos son unas palabras código para los buscadores en general que buscan facilitar el relacionamiento de términos en una búsqueda y arrojar resultados más exactos y no tan generales. Si vamos a buscar por ejemplo del tema de la reelección en Colombia, pero no queremos que aparezca el caso de el ex presidente Uribe es cosa de ocupar un operador booleano que excluya de la búsqueda cualquier resultado con referencia al ex mandatario. En este caso sería NOT y se formularía de la siguiente manera: 


Reelección en Colombia NOT Uribe. 

Si vamos a buscar por lo que tienen en común dos temas, se ocupa AND; por ejemplo: 
Autoficción AND terapia de duelo. 
Y así funcionan todos, herramientas de búsqueda y exclusión que ayudan al usuario a limitar o ampliar su búsqueda, por su puesto también se pueden combinar. Es una opción abierta y una herramienta que desde que me fue presentada he puesto en práctica siempre que me ha sido posible. Ahorra tiempo y nos permite encontrar la mejor información posible, tan exacta como se necesite. 
Esto sumado al PageRank que implementa Google, sistema que por medio de una serie de algoritmos matemáticos se ocupa para determinar el orden de aparición de una página de enlace en un búsqueda que se realice en Google, resulta en una de las mejores fórmulas para buscar información en internet. Es importante resaltar que Google a diferencia de otros buscadores, no da prioridad a la cantidad de coincidencias de las palabras claves para determinar el orden de aparición de los enlaces en los resultados, y muy seguramente su sistema de algoritmo, famoso y conocido como el "algoritmo Google" es explicable y entendible para quien sepa de números, fórmulas, ordenadores y bases de datos; para cualquier otro mortal: 

También hay otros trucos, podemos buscar las cosas por extensiones, por formatos, por tiempos, en páginas Web específicas, en un idioma de preferencia; tenemos todas las opciones del mundo para encontrar toda la información del mundo. Yo digo que es tiempo de aplicarlo todos y mantener esta, así como muchas otras herramientas de esta clase en una caja de repertorio con etiqueta "para un uso eficiente, provechoso y correcto de la internet". 

Como segundo tema... ¿alguien vio alguna vez la serie Lie to me? Si no lo hicieron vayan a buscarla, si lo hicieron: Felicidades dieron con una de las joyas de la televisión, además de con una introducción a la ciencia de la interpretación de las expresiones corporales de nosotros los humanos. 
Porque resulta que cada pequeños gesto que hacemos, tan imperceptible como los ojos que por unos segundos se abren solo unos milímetros más de lo que se encuentran normalmente o una curvatura en las comisuras de los labios, todo esto comunica incluso más que las mismas palabras. Por supuesto a veces sentimos una vibra hacia alguna persona con la que estamos conversando o somos capaces de decir con apenas mirar a alguien "esa persona no me agrada"; todos nos damos cuenta cuando alguien está triste porque hemos aprendido a verlo y es de los sentimientos más comunes, también lo notamos especialmente en las personas que más cercanas son a nosotros, aprendemos a leerlos como a uno de nuestros libros favoritos. Pero aprender cualquier de estas cosas requiere de experiencia, requiere de estudio y de observación, pero nunca está de más saber un poco más de las personas y de nosotros mismo incluso. 

En un día normal tenemos que tomar transporte público y compartir asiento con completos desconocidos. Resulta clarísimo, cuando vemos a alguien abrazando su maleta y aferrándose a ella como si fuera el tesoro más precioso del planeta, interpretar que esa persona no confía en los que estamos a su al rededor, protege sus pertenencias y al encogerse sobre su maleta, también a si misma. Tal vez no decimos "esta persona adopta esa postura en gesto de protección y de reclusión, imitando a un animal que está siendo asechado y que se encoge sobre sí mismo como si pretendiera esconderse, eso debido a que los sujetos a su alrededor le resultan completos desconocidos y no confía en ellos por tanto de forma consciente o inconsciente, ella se protege" (a menos claro que seamos estudiosos de esa área de conocimiento), pero si nos damos cuenta de que no se siente precisamente segura. Después el bus se desocupa y logramos obtener un asiento doble desocupado, buscamos la ventana, nos acomodamos y desviamos la mirada hacia el infinito y más allá. Hasta que alguien más se sube hay varios puestos desocupados, pero el nuevo pasajero elige sentarse a nuestro lado. En sillas en las que apenas cabemos, encontramos la forma de hacernos pequeños y encogernos aún más contra la ventana en la misión de que no haya contacto de ninguna manera entre la persona a nuestro lado y nosotros, ahora todo nuestro cuerpo apunta hacia la ventana, lo que estamos haciendo es también alguna forma de protección, al mismo tiempo que de exclusión de quien se ha sentado al lado nuestro. Y el mensaje llega y está establecido "aunque te sentaras a mi lado, no vamos a compartir puesto". Es algo instintivo y arraigado, sin quererlo sabemos lo que nos quiere decir el cuerpo de otra persona; de ahí que sintamos "vibras" positivas o negativas, lo que vemos no es un aura misteriosa, son micro y macro expresiones que interpretamos, entendemos, a veces reflejamos e incluso adoptamos. 

Miren con lo que nos podemos encontrar con un poco de observación atenta y caminar lento. Nuestro cuerpo es... un libro abierto que todos pueden ver y muy pocos realmente entender si no se presta atención, más que un texto es un hipertexto de emociones y sentires reflejados en nuestros rostros, extremidades y posturas. Cuando nuestras palabras dicen una cosa, nuestras expresiones pueden estar clamando a gritos una verdad completamente contraria; pueden estar delatando nuestra memoria y nuestra imaginación.
Con toda certeza, la próxima vez que converse con alguien, no me fijaré en mayor medida en las palabras, pues sospecho que el verdadero mensaje va a estar y siempre ha estado en la lengua que el cuerpo habla tan alto y en forma silenciosa.






domingo, 26 de octubre de 2014

Semana 13: Las justificaciones mentirosas.

Hablemos un poco de ese sentimiento de conformidad absoluta y reiteración de la satisfacción que todos nosotros experimentamos en la vida cada que hacemos una compra, por ejemplo. A la hora de comprar un celular tenemos miles de opciones y miles de planes, tal vez hay teléfonos que ofrecen más que otros pero nos encaprichamos con un modelo particular y lo compramos. Imediatamente después de la compra, le contamos a todos que tenemos un nuevo teléfono, que es genial, que tiene tales características y de repente nos convertimos en un remedo de comercial de televisión; todo es color de rosas y felicidad hasta que comenzamos a ver la más mínima falla o algún impedimento que tenga el aparato, que otros probablemente no habrían tenido. Esto nos hace volver a considerar si fue la mejor compra, y al tiempo intensificamos nuestro discurso publicitario resaltando las cualidades de nuestro producto y los defectos de los otros.


¿Por qué hacemos esto? Simple, porque no queremos nunca ver, saber y sentirnos como que hemos tomado la decisión incorrecta, que estamos equivocados. En primer lugar porque cuesta aceptarlo, seamos sinceros el orgullo siempre está en juego y vivimos en el constante pensamiento de que siempre hay alguien detrás nuestro esperando que fallemos y clamando por ello para tomar nuestro puesto. Y en segundo lugar y lo más importante: Por que necesitamos, convencernos a nosotros mismos por sobre todas las cosas de haber tomado la decisión correcta, no queremos admitirnos que nuestros pensamientos están mal, que nos encaprichamos con algo que no funciona como debería y malgastamos dinero; eso no es una opción. No queremos escuchar cosas que nos hagan sentir tontos y nos hagan cuestionarnos, así que intentamos convencernos de que nuestras adquisiciones y decisiones son las mejores.

Esto que acabo de explicar, se denomina disonancia cognitiva, concepto formulado por Leon Festinger por primera vez en 1957. Plantea que al producirse una incongruencia o disonancia entre los pensamientos y creencias de una persona, ésta se ve automáticamente en un esfuerzo de generar ideas nuevas  para reducir la tensión y lograr entonces que sus creencias y sus actitudes concuerden.
A este proceso de generar nuevas ideas se le denomina reducción de la disonancia.

También se presenta un caso de disonancia cognitiva y en mi opinión el más importante, cuando se presenta una incongruencia entre el actuar de una persona, sus palabras y lo que piensa.
Podemos tomar el ejemplo de una persona corriente que dice ser católico, todos los días clama por la tolerancia y el respeto, defensor de los derechos igualitarios para todos, pide porque no hayan más muertes y va a la iglesia todos los domingos; pero un día se ve en una situación obligado a trabajar con una persona homosexual. Esta persona trata por todos los medios de cambiar su compañero de trabajo, muestra una actitud de disgusto y repulsión hacia su compañero, piensa que es una abominación, habla mal de él y desea librarse de esa persona. Acá se produce un caso de disonancia, porque esta persona católica y tolerante defensor de las injusticias está actuando de una forma completamente contraria a lo que antes ha profesado, está discriminando a una persona por nada más que su preferencia sexual; entonces intentará convencerse de que está bien discrimina a su compañero, porque es una persona enferma, porque es antinatural ser así, porque vio una noticia de que un homosexual mató a un niño, porque se pierden los valores por culpa de ellos y por eso la sociedad está como está, y demás para disminuir la disonancia que le provoca su actitud, ajusta sus creencias a la manera en la que se comporta.

La realidad es que vivimos en una constante necesidad de justificarnos y necesitamos saber que todo lo que hacemos es por una causa racional y válida, no por conformidad o capricho. Todos queremos alcanzar el éxito, es la creencia común y cuando llegamos a pensar que de alguna manera hemos fracasado, eso nos genera disonancia; por lo que buscamos justificaciones para el supuesto fracaso o tomamos el fracaso como una lección importante para llegar al éxito. La realidad es que necesitamos ser los mejores, porque entre tantas personas en el mundo si no tenemos las mejores cosas y somos las personas más correctas y reconocidas, entramos en disonancia. Todo el mundo quiere ser bueno en lo que hace y sobre todo, no quiere saber que no es bueno o que podría estar haciendo o tener algo mejor; eso crea conflicto y de alguna manera sugiere que se han tomado las decisiones equivocadas. Y a nadie le gusta que le digan que está equivocado.

domingo, 19 de octubre de 2014

Semana 12: La vigencia de las cosas, ¡Que vivan los tutoriales, las flechas y las panelas!

Vivimos en un mundo en el que la vigencia de cualquier producto, material e incluso audiovisual es limitada en extremo. Una película solo es novedad durante sus dos primeras semanas en cartelera a lo sumo y cuando a pasado este punto, se vuelve obsoleta. Por eso es que cada mes e incluso cada semana aparece una nueva película en cartelera y los anuncios de próximos estrenos incluyen una lista absurda de películas que llega incluso a los veinte títulos. La pregunta es, ¿realmente cada una de estas películas es un material novedoso que valga la pena ver? La respuesta es: No.
Alguna vez me comentaban que cuando salió la película de Volver al futuro, pasaron meses e incluso años en los que seguía siendo una novedad sin perder vigencia alguna ni ser considerada obsoleta, la seguían presentando y la gente seguía acudiendo a los cinemas de forma masiva. Hoy, si no fuiste a ver una película en su primer fin de semana, estás condenado a verla traducida para poder acceder a un horario decente, a menos que puedas pasar hasta la media noche un día entre semana.

Lo anterior puede ser un ejemplo claro de la forma en la que funciona nuestra sociedad en el sentido del pensamiento referente a la producción de material cultural. Todo el tiempo se están produciendo tantas cosas en cadena, todo el tiempo estas viendo tanto que se nos olvida la poca relevancia que tiene lo que estamos consumiendo, simplemente lo hacemos como una reacción mecánica o para llenar un espacio de tiempo. Estamos saturados de todo tipo de cosas, que cuando nos paramos un segundo a pensar, son todas iguales. Todas las películas con la misma trama, todas las canciones de un disco, iguales a las del anterior.

Y claro, si podemos esperar esto de productos audiovisuales, ¿por qué no pensar lo mismo con respecto a lo material?
Vivimos en una cadena de Comprar, tirar, comprar. No te molestes en preguntar a cualquier vendedor, cuando la batería de tu tableta, computador o celular haya empezado a fallar y necesite estar todo el tiempo conectado a una toma de corriente para funcionar, si se puede hacer algo al respecto. Te ahorro el viaje, la respuesta va a ser que no habrá nada que se pueda hacer y que la única solución sería comprar un nuevo aparato. Te explican que la vida útil de una batería así es un año como máximo y como muchos de estos dispositivos salen al mercado y al año siguiente cuando la "vita útil" de la batería se ha agotado ya ha salido el siguiente modelo, pues es una mega oportunidad, parece como mandado a hacer. Se daña el antiguo, no tiene arreglo posible y te ofrecen uno nuevo. A esto se suma que como todos comienzan a comprar el nuevo modelo, los repuestos del anterior son descontinuados y no puedes hacer nada. Si te molesta mucho tener cerca un toma corriente, el procedimiento a seguir es comprar uno nuevo y tirar el antiguo, así todas sus funciones estuvieran en perfecto estado. Esto, señoras y señores, se llama obsolescencia programada. Todo está fríamente calculado para que las cosas no duren y estemos comprando todas nuestras vidas. consumiendo de forma compulsiva e innecesaria para llenar los bolsillos de los astutos empresarios.
Si lo que tienes no se acomoda a lo que quieres, simple; compra otro nuevo que si lo haga. 
Por eso yo digo, ¡Que vivan los tutoriales!
Hoy en día podemos encontrar instrucciones sobre como hacer cualquier cosa en internet, hay tutoriales de Youtube, literalmente para todo. A mime han venido en muy buen uso, pues gracias a esto he podido tener aplicaciones para teléfonos celulares en una tableta; después de todo quien necesita y no tiene medios busca la manera, porque la hay, todo gracias a personas que tal vez sin saberlo van en contra de la obsolescencia programada.
Yo no tengo celular. Al menos no lo que se entiende ahora por celular, un smartphone con acceso a internet, redes sociales, chat ilimitado y el que queda por completo de lado la función básica de un teléfono que es funcionar para hacer llamadas. Mi teléfono móvil es lo que se define como flecha, un pequeño Nokia, con linterna, sin acceso a internet al que la batería le dura 5 días sin problema. Con mucha frecuencia refundo el cargador de este teléfono pues en realidad no tengo que tenerlo conmigo todo el tiempo, completamente libre de cables. ¡Eso si es un teléfono móvil! Lo tengo desde hace años y obviamente se siente fuera de lugar y ha sido motivo de burlas de mis compañeros y amigos, frases como "No lo dejes caer porque rompe el suelo" no me son ajenas y no precisamente porque las haya leído en memes de Facebook, sino porque en varias oportunidades me las han dicho a mi. Pero al final del día la que tiene con qué hacer una llamada de emergencia y no se choca con los postes en la calle (al menos por andar texteando) soy yo.
A lo que voy es que con respecto a los teléfonos celulares, se han venido dejando de lado sus funciones básicas para añadir cámaras fotográficas, diseños increíbles, forros de colores y formas para todos los gustos y al final han re-definido los objetos y sus funciones. Hoy, no eres nadie si no tienes Whatsapp, existes, pero no tienes mucha relevancia. Dejas de existir cuando no tienes número celular, eso es una catástrofe, casi un crimen; puede faltar un teléfono fijo, pero jamás un celular.
Y en esta necesidad de inmediatez en la comunicación respecto a los celulares, también se agrega el mismo factor que antes hablaba respecto a las películas; los teléfonos y básicamente cualquier objeto de tecnología eventualmente se vuelve obsoleto y no precisamente porque deje de funcionar. El caso de mi Nokia. Es obsoleto, una antigüedad de la era de piedra de las comunicaciones, pero no por eso ha dejado de funcionar, no por eso necesita ser reemplazado en términos de su funcionalidad como teléfono... otra cosa sucede cuando se habla de su aceptación social.
No es un secreto que somos seres que vivimos en comunidades en las que existen reglas de comportamiento, pero también hay factores de aceptación que nos guste o no van a tener que ver con los efectos materiales de las personas con quienes nos relacionemos, por supuesto no es todo lo que importa, pero claro que ayuda a marcar límites e incluso a conocer a una persona. He conocido gente, que literalmente ha dejado de pagar almuerzo en la universidad o transporte público... claro podría decirse que es porque prefieren la comida casera o que quieren cuidar el medio ambiente, pero en realidad al preguntarles el porqué, las razones difieren mucho de una protesta contra los costos de un pésimo sistema de transporte; lo hacen para ahorrar y así poder comprar el último teléfono. A eso le sigue la pregunta, ¿le pasó algo al que tienes? y la siguiente respuesta suele ser: No, pero ya esta viejo y toca cambiarlo.
Esto es un tipo de obsolescencia, tal vez no programada porque se diría que las compañías que fabrican estos productos no pueden predecir el comportamiento de todo el mundo, es más bien un tipo de obsolescencia de carácter social y de decisión del comprador.

Esto podemos relacionarlo un poco con la doctrina del Shock, tal vez no en los niveles déspotas y terroríficos en los que de forma política se intentó implementar en el mundo; pero sí en el sentido de que por medio de la desorientación y la re definición de conceptos en la industria, se han creado necesidades y juicios nuevos que incitan a las personas a encajar y sumergirse por completo en el sistema de consumo del comprar, tirar, comprar. Y aunque suena supremamente desalentador y hacerse consciente de cosas como estas, pueden llevar a algunos a creer, que efectivamente nos hemos convertido en una sociedad que valora más la conexión inalámbrica que la relación que tiene con sus allegados y que se preocupa más por un golpe que se pueda dar el teléfono, que porque una persona se pueda caer por unas escaleras. Pero también nos convierte en personas conscientes y acá rescato una frase que parece ser toda la conclusión de la doctrina del Shock.
La implementación de un sistema, económico, político o de consumo por medio de la terapia de Shock, solo es posible cuando la sociedad donde se va a instaurar no es consciente de ello. Cuando se tiene conocimiento, se puede combatir, se puede reaccionar y se pueden hacer cambios; seamos conscientes de esto, y eso no significa que tengamos que desconectarnos y regresar a la edad de piedra, sino más bien hacer una re evaluación de nuestras prioridades y de lo que tenemos por realmente necesario en la vida.
¿En serio necesitamos cambiar de teléfono cada seis meses para ser felices?


jueves, 9 de octubre de 2014

Semana 11: Netiqueta y ¿cómo escribimos?

Resulta más que evidente a la hora de comer, por ejemplo, que hay unas reglas establecidas de comportamiento. Sabemos y casi parece que hubiésemos nacido con ese conocimiento, que no podemos masticar con la boca abierta ni colocar los pies sobre la mesa. También nos resulta evidente que los cubiertos están puestos porque es de mal gusto utilizar las manos, que no nos debemos limpiar con la ropa, sino con las servilletas, que colocar los codos en la mesa es de mala educación y que empezar a comer sin esperar a que le hayan servido a todos, es una falta de respeto.
Por supuesto, estas no son todas las reglas de etiqueta y hay algunas extrañas a cualquiera que no sea participante de concurrencia en eventos de perfil alto.

Todos sabemos ya, que internet más que un algo en el computador al que se accede por medio de un clic en el ícono del navegador de escogencia... es una comunidad de millones de personas conectadas todas al mismo tiempo y en interacción sin interrupciones obligatorias; si lo pensamos de esta manera, podría llegar a parecer ridículo que todos estos usuarios y sujetos en una comunidad no siguiera unas normas de comportamiento. Digo, es como colocar a un montón de niños al rededor de un pastel de tripe chocolate, sin porcionar y no decirles que deben esperar pacientemente a que a cada uno se le reparta su porción. El resultado de tal cosa sería un estado de caos absoluto, sin orden y donde la convivencia se haría imposible.
Por estas razones fue que se me hizo extraño que en un grupo de jovenes entre los 17 y los 22 años, sin duda todos usuarios constantes de internet y redes sociales, ninguno de nosotros supiera responder a la pregunta de ¿qué es netiqueta?


La palabra viene de la unión de dos términos; Internet y Etiqueta. Netiqueta hace referencia a una serie de códigos de conducta en internet que los usuarios deben seguir para tener una interacción provechosa y eficiente en la red.

Mi experiencia con esto fue similar a casi todas las que he tenido durante el semestre, con la clase y con los nuevos términos que más que aprendido he intentado apropiar y poner en práctica para mi diario como ciudadana global. Una vez que supe lo que netiqueta significaba comencé a identificar códigos y acciones que correspondían al significado de este término; tal como no masticar con la boca abierta es una norma de etiqueta en la mesa, en ese momento los códigos de comportamiento en redes, en los que insultar a alguien de forma pública en el muro o en un comentario de una foto que todos puedan ver, resultó para mi una netiqueta evidente.
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Y son reglas, como casi todas, que se dictan más que desde algún tipo de mamá mandona encargada de vigilar el buen comportamiento en la red, desde el sentido común de los mismos usuarios. Por ejemplo, si yo escribiera este blog con huna pezima hortografia o EsCrIbIeNdO AzHi, ¿qué podrían pensar quienes lo leen? Que carece de seriedad, que no respeto a los lectores, que no se escribir y entre muchas otras cosas se encontrarían fastidiados y simplemente no leerían.






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Otro ejemplo, si alguien sube una foto a facebook y no me gusta, por lo que me dedico a insultarle en los comentarios, en primer lugar estaría hiriendo los sentimientos de esa persona, por más likes que tenga, puede que genuinamente se sienta atacado y que en serio le importe lo que le esté diciendo. En segundo lugar podría obtener un bloqueo y una denuncia por comportamiento que sería merecida. No porque esté detrás de una pantalla, debería significar que puedo hacer y decir lo que me plazca a quien quiera sin tener una consecuencia. Con o sin ordenadores de por medio, las personas siguen siendo personas y siguen teniendo sentimientos; por desgracia parece que muchos se olvidan de eso y bajo un anónimo en Ask o el simple hecho de no conocer a alguien de frente deciden dar rienda a suelta los insultos, muchas veces incluso, por diversión.





Hay otras, que no resultan tan evidentes pero que tal vez hemos pensado leyendo un correo o hablando con alguien. 
Ami me ha sucedido que el bloqueo de mayúsculas del teclado se queda bloqueado mientras estoy hablando con alguien y cuando le escribo algo, así en mayúsculas, de forma inmediata me dice algo como "Está bien, pero no es necesario que grites." o, "No me grites.", o, "¿Estás enojada?". Obviamente no es el caso, les explico que se ha bloqueado el teclado y listo, pero resulta curioso, como el lector inmediátamente, al recibir un mensaje todo escrito en mayúscula se siente atacado, gritado o casi como si su interlocutor lo estuviera presionando a responder. Por el lado de quien escribe, ¿se han dado cuenta que cuando están molestos con alguien mientras tienen una conversación, el primer impulso es activar las mayúsculas? ¿o cuando quieren hacer énfasis en algo? Las mayúsculas inmediatamente transmiten urgencia y agresividad... 



Lógicamente hay muchos más ejemplos, hay reglas de comportamiento para cada medio virtual; netiquetas específicas para Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, para escribir correos y muchos otros. Algunas, como las reglas básicas pe sentarse a comer en la mesa, las tenemos automatizadas y no es necesario que alguien nos diga que son reglas para seguirlas, otras las vamos aprendiendo. Considero que esta es una invitación para que cada lector se tome unos minutos y lea un poco sobre Netiqueta, no se pierde nada y vaya que se puede ganar mucho. Hoy en día ser un buen usuario de la red es casi tan importante como tener cultura ciudadana. Pasamos más de la mitad de nuestro día conectados a internet con nuestros smartphones, ¿por qué no aprender a sentarnos bien y utilizar los cubiertos adecuados, en vez de ir comiendo con las manos? Tenemos las herramientas, ¡Vamos a darles uso! 


Como segundo tema esta semana, ¿por qué no aprendemos un poco más de nosotros mismos?


La grafología es una protociencia, ¿qué significa esto? que es un área de estudio, que como la memética y muchas otras no ha sido completamente aceptada como una ciencia.
Los grafólogos y la grafología estudian la forma de ser de las personas tomando como referencia la manera en la que escriben: Cómo son su letra y sus tranzos, con cuánta fuerza apoyan el bolígrafo en el papel, hacia qué lado tiende la inclinación de la escritura, y demás.

¿Y por qué hablar de grafología?
Hoy en día para nadie es secreto que la escritura a mano ha perdido importancia, de hecho en mi caso, puede pasar una semana entera sin que tenga necesidad de anotar algo en un papel (lógicamente cuando vuelvo a escribir mis letras se asemejan más a un montón de mamarrachos similares a jeroglíficos, de la misma forma que sucedía al volver al colegio después de vacaciones), lo único indispensable para mi es un computador, o un dispositivo portátil con cámara y capacidad de hacer grabaciones de voz de dos horas y listo. Chao a la hoja y al papel. A la hora de enfrentarme después, a un parcial escrito a puño y letra; sin haber siquiera llegado a una página, la mano ya me duele y siento que ya he redactado una biblia entera.
Y estoy segura que no es algo que me sucede solo a mi. Eso fue evidente en la clase del miércoles, el ejercicio nos tomó a todos por sorpresa. Tuvimos que escribir una carta al profesor sobre nuestra experiencia a lo largo del semestre. El contenido no es importante, tampoco la extensión, no para lo que iba destinado al menos. Y era hacernos dar cuenta de que, los procesos de escritura, así como los de lectura cambian completamente cuando se está frente a un computador y cuando se está frente a una hoja de papel en blanco.

Primeramente, los procesos mentales que se realizan son diferentes, el cerebro se concentra más en el ejercicio de plasmar algo en una hoja de papel, que en un ordenador. Las habilidades de pensamiento y motricidad, además se ejercitan muchísimo cuando las manos se ven obligadas, no solo a moverse mecánicamente para presionar teclas o puntos brillantes en un pantalla, sino de hecho a crear y expresar no solo el pensamiento, sino también una personalidad particular, que ninguna fuente del procesador de textos de word puede llegar a captar por completo.

Así que para escribir en papel hay que ser ordenados, debemos organizar primero nuestras ideas en la cabeza, tener claro como redactarlas, saber dejar los espacios pertinentes para las ilustraciones con cierta anterioridad; de lo contrario el resultado será un revuelto de palabra, tachones y parches de corrector, en desorden e incompletos, todo por que el papel es mucho más complejo y nunca va a bastar con la tecla de suprimir, no la hay.
También requiere más tiempo, es cuestión de solo intentarlo. Hacer las anotaciones de una clase en papel, sin las imágenes, sin el diseño, solamente en mi puño y letra me tomó muchísimo más tiempo y menos palabras, de lo que me toma hacer una entrada completa del blog y a simple vista, no tiene orden solo parecen palabras y conceptos colocadas en el lugar donde cabían. Debo admitir que d alguna manera lo son...
No tengo esa habilidad de organizar el espacio en una superficie donde debo escribir, porque me acostumbré a los renglones invisibles y a la simple acción de presionar un enter y a que si no me gusta donde queda algo, simplemente lo muevo, nuevamente una función que el papel no tiene, pero que mi cerebro si debería tener.
¡Da para pensar! ¿cómo estamos escribiendo y cómo estamos pensando a la hora de escribir?

Sobre esto también podemos hablar de que más allá de palabras estamos plasmando personalidades cuando escribimos en papel. Resulta que en este ejercicio, se ocupa aproximadamente la mitad de la capacidad cerebral. Todos tenemos letras diferentes, tal vez algunas parecidas pero casi imposible que sean idénticas. Esto es porque de forma inconsciente, así como de la forma en que nos vestimos y peinamos, la forma en que escribimos también refleja las personas que somos y parte de lo que pensamos. Uno podría leer y saber casi todo sobre el carácter de una persona con solo mirar como escribe; tal vez por eso siempre preferiremos una carta de alguien a quien queremos, que un correo electrónico o un mensaje de facebook. Y es justo esta personalidad plasmada en las letras y en su forma lo que, como dije antes, estudia la grafología. Por ejemplo yo, mi letra es de tamaño mediano por lo general, lo que significa que soy una persona estable y que se adapta con facilidad. Pero cuando estoy molesta o triste, mi letra tiende a hacerse más chica lo que refleja que estoy siendo meticulosa, tímida y reservada.

¿No es increíble lo complejo que es el cerebro y el subconsciente humano? Aún sin articular palabras en sonidos estamos hablando todo el tiempo, con nuestro cuerpo, con nuestros gestos, con nuestra manera de hacer las cosas, de vestirnos, de pararnos y también de escribir.

jueves, 2 de octubre de 2014

Semana 9- 10: El internet, Google y ¿qué pasó con la curiosidad?

Semana 10, y se acabó esto.
Octubre llegó rapidísimo, y con eso las preocupaciones y las preguntas tan comunes como: ¿de qué me voy a disfrazar? ¿Será que hacen fiesta? ¿Muy raro si hago Cosplay? y demás.
Por el otro lado, termina también la semana de receso y de alguna manera hemos terminado la última curva y ahora la pista de la recta final del semestre se extiende ante nosotros en todo su esplendor, con enormes vayas altas y dragones escupe fuego que amenazan con hacernos terminar con notas de 2,95 insuficiente para promediar el 3.0 y seis materias por repetir. Algunos se niegan a esto y trabajan al máximo buscando algo por encima de 4.5, otros lo toman a chiste y si bien no se mandan a la vagancia; tampoco se esfuerzan más de lo que se han esforzado el resto del semestre. Y están quienes abrazan y aceptan su destino y se entregan a las garras del ocio y la procrastinación para acabar el semestre con mucha diversión y un promedio raspando.

Sean del primer grupo o del segundo... incluso algunos del tercero, tal vez ninguno; puede que sean unos oficinistas, importantes ejecutivos, estudiantes de colegio... todos nosotros, en esta época del año y en cualquiera, estamos constantemente en contacto con la web, todas sus aplicaciones y componentes. Tal vez ahora con los exámenes encima algunos recurramos de manera desesperada y plan casi psicópata a buscadores como Google, a su brazo especializado, Google Escholar, a las bases de datos, videos, audios... cualquier material de ayuda para nuestros proyectos y nuestras entregas. Otros buscarán en la base de imágenes de Google, por idea para un disfraz increíble o tal vez algunos de última hora; y les aseguro, en el ejercicio de búsqueda constante que hacemos, incluso en la misión de teclear un nombre en la barra de búsqueda de Facebook (sí, también es un buscador) o un hashtag en Instagram, nadie se ha preguntado como funcionan. O, ¿por qué completa el texto que estoy escribiendo y me muestra personas o temas o preguntas incluso antes de que haya acabado de teclear la primera palabra. Tampoco nos parece impresionante que cualquier imagen que estemos buscando, con toda seguridad la vamos a hallar en Google o al menos, nos re-direccionará a otra página que tenga lo que buscamos. No nos detenemos a mirar que cuando buscamos, por ejemplo, búsqueda implacable, la página nos muestra que se han encontrado 64.100.000 resultados en 0,31 segundos. La verdad es que podríamos demorarnos más parpadeando que lo que google demora en buscar lo que necesitamos. Lo hacemos todos lo días y nunca nos hemos detenido a pensarlo.

De alguna manera resulta normal, que no nos importe particularmente como funciona, nos hemos vuelto practicistas en muchos sentidos y no nos fijamos en los detalles si no son algo que necesitemos de forma imperante, ¿para qué va a necesitar un médico saber como funciona google si solo es cuestión de saber utilizar palabras claves para obtener lo que está buscando? Definitivamente no es por necesidad, pero hay un motivo más fuerte que ese y que a mi personalmente me preocupa que los humanos vayamos a perder conforme nos convertimos en criaturas no solo física, sino mentalmente más sedentarias; de lo que hablo es de la curiosidad. Ese motor imperante que de niños nos mantiene alerta a cualquier estímulo, que nos lleva a desarmar juguetes, a morderlos, más adelante a preguntarnos dónde están las personas que vemos en el televisor y darle vueltas al mueble hasta que alguien nos explica de forma práctica su funcionamiento a fin de evitar que en algún punto nuestra mente curiosa nos lleve a acciones como intentar desarmar un aparato electrónico que a nuestro ojos realice lo imposible y necesitemos descifrar. Si me lo preguntan a mi, la curiosidad es el elemento clave para el descubrimiento y son las grandes mentes quienes no la pierden porque simplemente son insaciables y necesitan saber si hay más, demostrar que hay más y probar que aunque ahora, año 2014, en el  siglo XXI tenemos smartphones, nubes informáticas, películas en 4D y robots en Marte, aún hay mucho por inventar y mucho por ser descubierto. Sería una pena si alguna vez toda la humanidad se rindiera con la curiosidad, porque eso significaría un aburrido estancamiento, insufrible para muchos.

Esta semana fue tiempo de detenerse a pensar y mirar, no técnicamente ni con ojos de ingeniero, pero sí con ojos pausado que busquen los detalles, fue momento de permitirnos volver a tener un poco de curiosidad por como funcionaban esos objetos de la cotidianidad, los que nos rodean y no soltamos, pero siempre damos por hecho y de alguna forma, después de un tiempo comenzamos a creer que siempre han estado ahí, sin moverse, sin cambiar.
Acá va una pregunta que sé que nadie va a responder pero que debo colocar para ilustrar algo.
¿recuerda alguno cuando salió el primer iPhone? El mundo nunca había visto un teléfono mejor, pantalla táctil, delgado, liviano, sencillo de utilizar... parecía todo esto, era lo mejor que había. Ahora volvamos a nuestro tiempo presente tan solo unos días después de que ha sido lanzada la nueva generación de teléfonos inteligentes de Apple. Ya vamos por el número 6. ¿cómo es ese primer iPhone en comparación? obsoleto, pesado, grueso, lento y aunque sabemos que el recién llegado a las tiendas es solo una de las 6 actualizaciones de un modelo, ya nos parece que es la imagen del iPhone, que siempre ha sido así, delgado como una hoja de papel (vale, tal vez no tanto pero solo es cuestión de unos cuántos años), liviano, instintivo con IOS8, el extraño no es el nuevo, el extraño es el primero y aunque cuesta adaptarse al nuevo modelo, pronto será todo lo que veamos a nuestros compañeros de clase, familiares y... tal vez a nosotros mismos.

A lo que voy con esto es que así como eventualmente no podemos ver algo que hemos cambiado de forma radical, tal como era antes en su estado original... también nos adaptamos a los cambios de nuestro entorno al punto de que después no recordamos como era antes y resulta más sencillo asumir que siempre ha sido de la manera que ahora es. Así sucede con Facebook, cada vez que le cambian algo, hay un tiempo de protesta... nadie está conforme. Buuuu, muy mal facebook, pero eventualmente se acepta, el público se adapta y es como si siempre hubiese sido de esa forma.

Sucede con Facebook, sucede con Twitter, sucede con el sistema operativo del teléfono, con los teléfonos y sobre todo con la Web. Hoy estamos en la era de la Web 3.0, un momento de la historia en que la conexión entre persona de manera electrónica es un hecho (incluso más real que la conexión cara a cara, ¿qué es lo real y qué es lo virtual?) y ahora lo que nos interesa es la forma como nos relacionamos con la información. La Web 3.0 nos trae bases de datos, inteligencia artificial, gráficos 3D, Movilidad casi ilimitada, almacenamiento virtual y búsquedas que arrojan 64 millones de resultados en 0.31 segundos. Suena muy lindo, pero ¿qué es todo esto? Simple. Todo esto se traduce en locaciones virtuales especializadas para almacenar información sobre un tema específico, a las que el usuario se puede conectar y le facilitan la búsqueda... ¿Google les suena? Bueno, resulta que es solo buscador más grande y funcional que hay, además de una gigantesca base de datos. Inteligencia artificial... ¿han visto cuando la barra de búsqueda comienza a sugerir palabras o frases para lo que quieren buscar? ¿alguna vez se han encontrado leyendo un correo electrónico que tratara sobre ir a almorzar y la publicidad les ha mostrado anuncios de restaurantes? Tal vez incluso puede que estuvieran viendo un video en Youtube sobre como cuidar a tu perro y en un costado el anuncio publicitario les mostrara una campaña de una marca de concentrado. También puede que les suene las sugerencias de compra de Amazon, las sugerencias de amigos de Facebook, la columna "a quien seguir de Twitter.







 Esto es inteligencia artificial. No es secreto que todo lo que hacemos en la web queda registrado, a quienes seguimos, con quienes hablamos con mayor frecuencia... cosas como esas, nuestros gustos, las actividades que realizamos a diario y publicamos en la red contribuyen a construirnos un perfil de usuario. Que los servidores utilizan para facilitarnos la vida y para obtener ganancias. Así, si yo sigo al actor de una serie en twitter, el servidor, inmediátamente va a mandarme como sugerencia que siga a los demás miembros del elenco y a la cuenta de la cadena que transmite el programa que ha llamado mi atención en primer lugar. ¡El internet puede leer nuestra mente!... bueno no, no nuestra mente, pero sí la marca de información y búsquedas que dejamos cada vez que hacemos uso de ella, ¿no es esto genial?

Algunos responden que no... y hasta cierto punto es un sentimiento de lo más sensato. Si lo que estamos haciendo ahora todo el tiempo es publicar lo que nos pasa y lo que pensamos, todo lo que hacemos, fotos, como nos vemos, qué hemos comprado, qué lugares hemos visitado, con quién hemos estado y toda esta información está a disposición de los enormes servidores y de las nubes informáticas... ¿cómo sé que esa información está a salvo de ser utilizada con propósito criminal? Si tienen un perfil mío como usuario de internet y consumidor de una información determinada, ¿cómo puedo saber que no tienen conocimiento también de mis movimientos bancarios o de mi lugar exacto de residencia y mis intinerarios? ¿puedo confiar en que esa información no será utilizada sin mi consentimiento?



Don't be evil se convirtió en el lema no oficial de Google poco tiempo después de haber sido fundada hace 16 años y una semana (soy mayor que Google, por dios) y era más que todo una declaración ante lo que Google era y pretendía ser siempre, una compañía no convencional con principios distintos y una filosofía de trabajo diferenciada de las que mantenían las demás compañías. Buscaba el conocimiento y la recopilación de toda la información del mundo, de una manera organizada, que la convirtiera accesible y útil para todos. Google pretendía mejorar el mundo, pensando primero en la información que en el lucro y por eso surgió el famoso eslogan. Declaración y reclamo para recordar que como fuera que se desarrollara la empresa, sería diferente, no sería malvada.